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Vivimos en un continente se que hunde cada década más y más en la pobreza. Cada vez
aparecen nuevos pobres, y las viejas capas sociales de pobreza que aumentan con el crecimiento
demográfico se mantienen sumidas en su miseria.
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La necesidad humana por buscar opciones
favorables por un mejor estilo de vida es universal. ¿A quién no le gustaría salir de la pobreza, y
aun mejor dejar de ser pobre para convertirse en rico? Hay varias opciones: pegarse la lotería,
montarse un negocito, vender droga, las múltiples formas de adquirir como propio lo ajeno, o
alcanzar un favor sobrenatural. De todos modos para cualquiera de esas opciones siempre vale la
pena considerar una bendición de Dios, de la virgencita o algún santo, o de los espíritus. ¿Y a
ratos por qué no ir a lo seguro, y lograr una mezcla de todas esas fuentes, por si las dudas?
En situaciones de necesidad los impulsos humanos por sobrevivir en situaciones
desfavorables nos pueden llevar a límites que cualquier sistema moral no podría tolerar. Nuestra
sociedad actual se ve diariamente inundada de noticias sobre corrupción a todo nivel. ¿Y qué
mensaje de esperanza tiene la iglesia para tales retos? Por un lado, los evangélicos en nuestra
pobreza teológica no hemos podido brindar una respuesta pastoral satisfactoria ante la
multivariable problemática de la pobreza.
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Esa herencia ortodoxica de la que tanto nos jactamos
brindó (y sigue brindando) un evangelio incompleto que nos llego primero a través de los
misioneros norteamericanos, y nosotros en nuestro pobre quehacer reflexivo la hemos
mantenido en la miseria. Por ejemplo, un “evangelio” de formulas y esquemas, un dualismo
(mundo físico irreconciliablemente separado del mundo espiritual) que divide al ser humano en
una ética sicótica (legalismo microético), y una bibliolatría basada en una hermenéutica
subjetivista y arbitraria (Miguez 1997:47).
Vivimos en un continente se que hunde cada década más y más en la pobreza. Cada vez aparecen nuevos pobres, y las viejas capas sociales de pobreza que aumentan con el crecimiento demográfico se mantienen sumidas en su miseria.1 La necesidad humana por buscar opciones favorables por un mejor estilo de vida es universal.
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